Las cosas que se dicen sin decir. 

Sucede que siempre escribo para entenderme. Esa es mi gracia, mi regalo. Y me gusta saber que me sale a la perfección en donde perfección es lo funcional para mí, aunque a veces mucho en entender.
Todo va cada vez mejor, estoy aprendiendo a ser agradecida siempre en cada día, agradecida y no hipócrita. Eso me ha dado más paz y salud.

Aunque hay veces en que fallo; recientemente, por ejemplo. Hay una persona a la que no entiendo, y por no sentirme hipócrita pinté mi distancia, pero ahí estaba de nuevo lista para acercarse, y embarrarse en mi vida.

Y aunque no la entiendo y más de una vez colmó mi paciencia, deseo a ella lleguen bendiciones, que la alejen de todo cuanto me rodea. Personas como ella han entrado en mi vida un sin número de veces, y aún no he aprendido a entenderlas, quizás porque para eso son este tipo de personas: para que las aprenda a poner límites, para que siga brillando a pesar de sus envidias, sus egoísmos, sus chismes, sus mentiras o sus celos. Personas que jamás tendrán el valor de decirme de frente las cosas, porque nacieron cobardes, porque crecieron cobardes, y cobardes les gusta ser.
Lo bueno de tener vida es que cada uno tiene la suya, y cada uno hace con ella lo que le apetece.

Me apetece, por ejemplo, jugar mi juego limpio y vivir mi vida fuera de sus reglas y juegos mentales.

Me apetece eso, eso y un helado natural con cookies y durazno. Cuáaaaanto, cuáaaaanto me apetece.

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