“Desperate Vicious Circle”. Extractos de una carta y la mía.

Querida Jennifer: Siento como si los tres últimos años hayan sido un flujo largo y continuo de desconexión de muchas personas que pensé que conocía pero creo que no, porque se me ha vuelto claro que ya no pueden estar más en mi vida.

A veces me entristece y me pregunto ¿qué les sucede después que nos desconectamos? ¿Cómo siguen su vida? ¿Las encontramos de nuevo en el cielo? ¿Hay una posibilidad de que nos re-conectemos en algún momento en el tiempo?

Y que hay de quién me desconecté y ya no está en la tierra, ¿lo volveré a ver? o ¿es que quizá existe esa posibilidad de estar permanentemente conectados?

Se que no es culpa mía y necesito dejarlas ir pero es difícil hacerlo sin algún remordimiento respecto a lo que pudiese haber sido.

Temo estar perdiendo mi tiempo, tirándolo a la basura, ya sabes, echando todo a perder por sobrepensar, como era mi costumbre.

Quiero aprender a vivir feliz con todos los que ahora viven mi tiempo y mi momento; pero la vida no es así de simple porque mis pensamientos nunca han sido tan simples.

Quisiera muchas veces ser más sencilla al pensar para ser más agradecida y vivir en plenitud; aunque la verdad me gustan ciertos momentos en donde mi pensamiento me toma a lugares que jamás pensé llegar.

Jenny, no se cuánto tiempo, no se cuántas veces más lo tenga que intentar, no se si deba fracasar de nuevo para poder hacer que valga la pena. No se si pueda soportar otra desconexión y sobre todo otra ilusión perdida.
Vivo profesando el amor y la verdad no lo he conocido a plenitud. Realmente me incomoda, me apena y me entristece no tener el coraje de vivir en congruencia con ello.

 

No quiero respuestas Jenny, no sabría que hacer con ellas. Pero gracias por leerme. Me hace tanto bien compartir unas líneas más contigo.
Deseo que pases una buena noche.

Poniéndonos cursis de nuevo.

Nos encontramos mi cerebro y yo tomándonos un descanso de lo que hicimos que ocurriera.

Estamos muy conscientes de que lo que se tiene adentro es lo que se atrae para si, así que nos estamos asegurando de qué es exactamente lo que hay adentro, o sea invitamos al corazón a nuestra charla. Es bien difícil entender lo que el cabrón del corazón intenta decir; cuando quiere habla en nuestro idioma, la mayor parte del tiempo disfruta vernos confundidos porque no entendemos ni una mierda de lo que está diciendo.

Pero eso sí uno le pide que se acople a la situación y se pone tenso y se bloquea y se cierra y nos da la espalda. Le insistimos que es mejor tomar una decisión y no entiende. No hemos de hablar en su idioma tampoco.

Dos ideas, una deja un camino supuestamente libre, pero cada día que pasa me convenzo de que no es ni lo que quiero, ni lo que busco, ni lo que deseo, pero sucede y pudiera convertirse en lo que anhelo. La otra idea cada día que pasa me hace pensar que es todo lo que quiero, lo que busco y deseo, pero no podría suceder.

Y entre tanta charla me doy cuenta que he sido yo quien obstaculizó el camino, de haber sido paciente, confiada y ciega al miedo las cosas hubieran sido muy diferentes a lo que ahora son.

Y no se en realidad si todo ocurra por alguna razón después, pero se que ocurre por alguna razón anterior: me apresuré; acto seguido: estoy perdidamente confundida.

No le creo a uno. Y el otro al menos esta más cerca de mi interior, aunque más lejos en físico.

Cerremos la noche con el mariachi. Disfrutemos la velada  y la serenata.

El corazón se retira, mi mente detiene el análisis y yo terminando mi última copa de la noche me iré a dormir.