Metáfora de la lluvia, segunda parte.

No volví a salir a bailar bajo la lluvia. Hace días chispeó, y quise salir, pensé que usando rainboots, impermeable y paraguas estaría a salvo y podría hacerlo. Espere una hora meditándolo. Observe muchas veces por la ventana. Intenté persuadirme a misma de hacerlo, en todo caso, si me había enfermado hace un año fue, según averigüé, por no meterme a tiempo a tomar una ducha. Abrí la puerta y estaba corriendo un aire muy frío. Me di cuenta al toser que mi garganta estaba irritada, parecía que esa ligera brizna tenía algo que decirme y mientras yo pensaba: quiere que salga a bailar, pronto empezará a llover. Quise gritar QUIERO, pero me había quedado sin voz.
No la deje continuar pues me llene de tristeza y solo la salude mas bien diciendo adiós.
Cerré la puerta y vi una receta tirada en el suelo, con mis generales. Leí las indicaciones médicas y pude darme cuenta de mi enfermedad. Vi mil cajas de inyecciones y otros medicamentos más. ¿Por qué no había querido darme cuenta de que estaba así de enferma?

A la mañana siguiente un reportero climatólogo dijo que la brizna fue consecuencia del cambio de temperatura, que no hubo lluvia y no habría más lluvias secuelas al mismo huracán.

Aún me duele pensar en lo egoísta que fue la brizna, pero también aún quiero bailar en la lluvia de nuevo y aunque el reportero haya asegurado no más apariciones, quiero decirle a la brizna que sí tiene el mismo nombre y me vuelve a visitar es porque también consigo traerá el sol y ese día soltará una lluvia celestial, será un día soleado, con un hermoso arcoiris.
Sólo de esa forma, no me importará que siga enferma, y volveré a salir a bailar cada pieza una vez más.