El círculo no tiene fin.

Al día creo que he aprendido a correr en ese círculo. Estar abajo y estar arriba. A veces me detengo y después sigo corriendo; y a veces camino.

Y cuándo me detengo puedo notar que el camino fácil no solo es el más visible y tentador, si no que llama a tu teléfono y toca a tu puerta.

Pues si bien, detenerme mucho tiempo no es algo que disfrute hacer, es en esos momentos cuándo redefino mi dirección. Ya se, ¡es un círculo! pero hay que saber dónde dar la vuelta.

Dar la vuelta y avanzar.